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A propósito de la publicación bilingüe de Satélites oscuros – Irũmi ypytũ

(Artículo del ministro de Políticas Lingüísticas, don Javier Viveros)

Hablar de Josefina Plá significa hablar de una de las voces más hondas, lúcidas y decisivas de la literatura paraguaya del siglo XX. Su obra atravesó la poesía, la narrativa, el teatro, el ensayo, la crítica, la historia cultural, el periodismo y las artes plásticas. Pocas figuras han contribuido de una manera tan amplia a la formación de nuestra modernidad artística e intelectual.

Pero, por encima de la diversidad de sus intereses, existe en Josefina Plá una mirada constante: una voluntad de penetrar más allá de las apariencias y de enfrentarse, sin concesiones, con las preguntas esenciales de la condición humana. Su poesía no busca tranquilizarnos. Para nada. Su poesía no ofrece respuestas fáciles. Su poesía nos coloca frente al tiempo, frente al cuerpo, frente al amor, frente a la soledad y frente a la muerte.

Los poemas que integran Satélites oscuros pertenecen a una poesía de gran madurez intelectual y expresiva. En ellos encontramos una conciencia aguda de la fragilidad de la vida y de su misteriosa persistencia. El ser humano aparece como una criatura sometida al tiempo, desgarrada entre el deseo de permanencia y la certeza de la desaparición.

En cuanto al estilo, estamos ante una poesía de enorme densidad metafórica. Josefina Plá no desarrolla sus ideas mediante explicaciones discursivas. Ella piensa a través de imágenes. Los conceptos se convierten en materia: en frutos, heridas, agua, fuego, polvo, raíces o huesos.

La llegada al Paraguay de Josefina fue un revulsivo en el yermo territorio de nuestras letras. Josefina fue la mamá guasu de la Generación del 40, que fue principalmente un movimiento de renovación de la poesía paraguaya, surgido alrededor del cenáculo Vy’a Raity. Los integrantes de ese grupo abandonaron los últimos rezagos modernistas e incorporaron influencias vanguardistas y posvanguardistas.

Por su parte, Susy Delgado es una de las voces más relevantes de la poesía paraguaya contemporánea y una de las autoras que con mayor profundidad ha explorado las posibilidades estéticas del guaraní. Su obra ha contribuido decisivamente a demostrar que nuestra lengua guaraní puede expresar las experiencias más íntimas, complejas y universales sin perder su singularidad.

El libro que presentamos pone en diálogo a estas dos figuras fundamentales de nuestra literatura: Josefina Plá y Susy Delgado. Son dos escritoras pertenecientes a generaciones distintas, pero unidas por una misma convicción: la convicción de que la palabra poética, el ñe’ẽ porã, es un medio de expresión, y a la vez una manera de interrogar la existencia ensanchando los límites de la lengua.

Irũmi ypytũ representa un encuentro entre dos universos poéticos, entre dos sensibilidades creadoras y entre dos lenguas que comparten el territorio, la historia y la experiencia cultural del Paraguay. El encuentro entre la poética de Josefina y la voz de Susy Delgado produce en estas versiones un texto donde dos organizaciones del discurso, dos regímenes prosódicos y dos tradiciones culturales se negocian en el espacio de la traducción sin que ninguna se disuelva en la otra. La voz de Josefina no desaparece en el guaraní, pero tampoco llega intacta: su voz es reinventada por una lengua cuya prosodia nasal, cuya riqueza onomatopéyica, cuya morfología aglutinante y cuya cosmovisión específica la transforman en algo que es simultáneamente fiel y nuevo.

La distancia tipológica entre el castellano y el guaraní hace especialmente visibles las diferencias estructurales entre ambas lenguas. El castellano, como lengua de origen, y el guaraní, como lengua meta, comparten pocas similitudes y, en su naturaleza lingüística, reflejan formas divergentes de concebir el mundo, comprender la realidad e interpretarla. Traducir al guaraní una poesía como la de Josefina representa un desafío extraordinario. Iñakãjaguahína ko asúnto. Koʼãichagua ñeʼẽpoty ñemoguarani niko ndahaʼeihína peichapéichante jajapóva; hetami ñambaʼapovaʼerã hese. Ndahaʼeihína ñambohasánteva peteĩ ñe’ẽgui ambuépe. Ñamboʼayvu pyahuvaʼerã, ñambopytu pyahu, hendápe porã ñambohetepy ha ñamoĩvaʼerã opa umi heʼiséva. Upéicha rupi niko tuichaiterei mba’e ko Susy Delgado rembiapo.

En su trabajo traductivo, Susy hace una verdadera recreación poética. Ella busca que los poemas vuelvan a producir en la lengua de llegada una experiencia estética comparable a la del original. Para lograr eso, recurre a la mímesis formal y conserva los recursos y características de los textos de Josefina: las repeticiones, las enumeraciones, las invocaciones, la riqueza metafórica, los paralelismos y la respiración extensa de los versos. Ella comprende que estos elementos no son accesorios, sino partes esenciales del sentido.

Suele decirse que lo primero que se pierde al traducir poesía es la música. El nivel fónico es uno que le interesa mucho a Susy Delgado; ella se preocupa por la sonoridad de los versos. En sus traducciones hay preeminencia del nivel fónico, por sobre el sintáctico y el semántico. En varios poemas aparecen reiteraciones de fonemas, sufijos y estructuras paralelas que crean un ritmo propiamente guaraní.

Vamos a ver un ejemplo’i de esto que estoy diciendo. En el poema «No invoques la de ayer» encontramos el verso que dice: «Muero y vuelvo a nacer cada mañana». Susy Delgado traduce «Amano ha chereñói jey ára ha ára». Veamos lo que hizo con la sucesión de formas verbales y la reiteración de vocales abiertas. Cada mañana. Ella no tradujo diciendo «cada pyhareve». No. Cada mañana. Ára ha ára. Aliteración en a en castellano. Aliteración en a en guaraní. Aparece cinco veces la vocal a en castellano. Aparece cinco veces la vocal a en guaraní. Mba’éicha piko rejapo ko’ã mba’e, Susy Delgado. Esto es lo que se llama mímesis fónica. Esto es recreación de la música del original. Estos son milagros estéticos ndajajuhumeméiva.

Por otra parte, Susy Delgado no somete el guaraní a la sintaxis del castellano. Lo que hace ella es permitir que la lengua traducida se organice de acuerdo con sus propios recursos. El guaraní tiene una extraordinaria capacidad para expresar procesos, relaciones, movimientos y transformaciones. Por ello, muchas imágenes que en castellano presentan una estructura predominantemente nominal adquieren en la traducción una energía más verbal.

Cuando no es posible reproducir exactamente un juego verbal del castellano, la traductora busca formas de compensación. En lugar de perseguir una literalidad que empobrecería el poema, crea repeticiones, resonancias y asociaciones propias del guaraní.

Esta es una característica central de la verdadera traducción poética. Traducir poesía no consiste en trasladar mecánicamente las palabras, sino en reconstruir las relaciones que las palabras establecen entre sí. Importan el sonido, el ritmo, la intensidad, la ambigüedad, las asociaciones y los silencios.

Este trabajo traductivo tiene una dimensión cultural y glotopolítica que no se puede ignorar. Durante demasiado tiempo, el guaraní fue limitado, por prejuicios y políticas históricas, a determinados registros de la vida cotidiana. Se lo consideró apto para la oralidad, la intimidad familiar, ciertas manifestaciones populares o lo kachiãi, pero se dudó de su capacidad para expresar el pensamiento abstracto, la filosofía, la ciencia o la poesía de gran complejidad. Obras como esta desmienten de manera contundente esos prejuicios infundados y absurdos.

En Irumi ypytũ, el guaraní asume una poesía moderna, filosófica, corporal, metafísica y existencial. Puede hablar de la identidad escindida, de la angustia, del deseo, de la muerte, de la herencia, de la memoria y de la condición humana. Puede dialogar con una de las voces mayores de la literatura paraguaya sin convertirse en una copia disminuida del castellano.

Josefina Plá encuentra en el guaraní una nueva casa para sus imágenes. Susy Delgado, al traducirla, incorpora esas imágenes a su propia experiencia creadora y a la historia literaria de nuestra lengua. Las lenguas crecen cuando se atreven a entrar en territorios nuevos; cuando aceptan la complejidad y dialogan con otras tradiciones; cuando son capaces de nombrar lo que parecía innombrable.

Aquí, la traducción no borra las diferencias entre las lenguas. Las pone en relación. Cada una conserva su historia, su ritmo y su manera particular de mirar. Y es precisamente de esa diferencia de donde nace la riqueza de la obra bilingüe. Los dos textos se acompañan como los satélites del título: cercanos, vinculados, atraídos entre sí, pero nunca idénticos. Cada uno proyecta sobre el otro una luz que, antes de este encuentro, no poseía.

Por todo ello, este es un día de celebración. Celebramos los 70 años de la publicación de Satélites oscuros. Celebramos los 100 años de la llegada de Josefina Plá al Paraguay. Celebramos la permanencia de Josefina Plá, la labor creadora de Susy Delgado y la capacidad del guaraní para recibir, transformar y prolongar una de las expresiones más exigentes de nuestra literatura.

Como Secretaría de Políticas Lingüísticas anhelamos que esta obra encuentre lectores en ambas lenguas. Que abra nuevos diálogos, que propicie nuevas lecturas. Y que nos ayude a comprender que una literatura nacional es tanto más rica cuanto más profundamente pueden encontrarse, escucharse y transformarse de manera recíproca las lenguas que la componen.

Aguyjevete mante. Muchas gracias.

Mgtr. Javier Viveros

Ministro de la Secretaría de Políticas Lingüísticas

(25/06/2026)

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